Miguel ha jurado no morir esclavo

By boliviasol

Diario Público
FEDERICO PEÑA – ENVIADO ESPECIAL
Miguel Corrales nació esclavo hace 36 años. Su madre lo parió en el suelo terroso de su choza, situada dentro de la parcela de media hectárea que el patrón de la hacienda, Ernesto Chávez, les dejó para una imposible subsistencia. Apenas dio sus primeros pasos, este guaraní comenzó a trabajar arreando ganado.

No sabe lo que es un hospital. Menos una escuela. La única vida que conoció es la de la servidumbre. Desde su “comunidad cautiva”, una especie de prisión verde en la zona del Alto Parapetí, unos 300 kilómetros al sur de Santa Cruz, la capital departamental, Miguel se ha jurado no morir esclavo.

“Mis padres comían como perritos alrededor de una bandeja en el suelo donde los patrones tiraban la comida. Mi madre murió así, encarcelada y con miedo.

Ya no tengo miedo a los patrones. Mi único miedo es repetir la historia de mis padres”. El relato de Miguel podría ser el de cualquiera de los 77.000 guaraníes distribuidos en el Chaco boliviano, que ocupa parte de los departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija.   Sigue:

Etiquetas:

Escribe un comentario