Viva la internacional…reaccionaria

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Jorge Luis Ubertalli | TeleSUR (31 ene)
El 5 de noviembre último y en el marco de la despedida del agregado militar aéreo de los EE.UU. en Honduras y la bienvenida de su reemplazante, los uniformados catrachos, juramentando amistad entrañable con los norteamericanos, sostuvieron en su página web que “los hombres y mujeres de uniforme militar son amigos en todos los confines de la tierra”. Claro está, se referían a los militares embanderados con el Pentágono y el sistema que representa, al que ayudaron a consolidar luego del golpe del 28 de junio, que liquidó la democracia formal en aquel país y lo alineó nuevamente con los EE.UU., alejándolo de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).

Dos meses antes de las consejas internacionalistas castrenses de los catrachos, la página web de la ultrarreaccionaria organización UnoAmérica, financiada por la CIA y sus adláteres, informaba sobre la salida a plaza del volúmen titulado “El Plan del Foro de San Pablo para destruir a las Fuerzas Armadas”. De 230 páginas, el engendro, que contiene opiniones de civiles y militares retirados de Argentina, Bolivia, Colombia, Perú, Uruguay y Venezuela, expone que “Las Fuerzas Armadas en América latina son objeto de un ataque sin precedentes. La ofensiva se realiza en todas las naciones-aunque con métodos diferentes- para lograr un mismo fin: la destrucción definitiva de las instituciones armadas”, a las que UnoAmérica y los autores del libro pretenden defender diseñando “una estrategia continental frente a la injusta y brutal agresión de la que son objeto”. Por supuesto, reivindican las políticas militares- policiales-paras de Colombia y el golpe de Estado de Honduras, país que, según UnoAmérica, “gracias a sus militares pudo salvarse de una dictadura chavista”.

Como en Colombia
Hace pocos días el ex presidente argentino Eduardo Duhalde sostuvo de visita en El Salvador, y dias mas tarde aquí, que las Fuerzas Armadas locales se hallaban “humilladas” y “arrinconadas”, debiéndoseles adjudicar, como en Brasil –donde los uniformados desataron hace poco una crisis cuando se decidió implementar un Programa de condena y juzgamiento de crímenes de Estado entre 1964 y 1985- y Colombia, el papel de combatir la “inseguridad”. Su planteo, afín al de los fascistas de UnoAmérica, no fue el primero ni el único. El último día del año pasado el país se informó sobre las declaraciones de Diego Guelar, ex embajador del ex presidente Carlos Menem en EE.UU. y hoy titular de relaciones internacionales del gobierno de la ciudad de Buenos Aires representado por el ultraconservador Mauricio Macri, quien pidió “amnistía” para los militares acusados de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar. Por la misma fecha, el diario bonaerense “La Nueva Provincia”, vinculado con la Armada y sus emprendimientos, reprodujo el capítulo de un libro producido por el fugaz y tristemente célebre ex titular de Educación del macrismo, Abel Posse, donde éste insistía sobre la “humillación” de los militares procesados por genocidio, pedía “reconciliación y amnistía” para ellos, sugería su actuación para reprimir a entre 800 mil y un millón “de jóvenes calificados de ‘marginales estructurales’ ” y observaba que “contra los militares se hizo más justicia de la debida- y esto es injusticia…. Ver:

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