La Paz | Julio Peñaloza Bretel | La Razón (6 may)
- Ser mestizo desde el conocimiento de lo indígena es inscribirse en la comprensión más cercana a la profunda identidad de Bolivia. No pertenecer a una nación originaria, pero asumir que antes de que Bolivia fuera Bolivia hubo pueblos-naciones y organizaciones sociales que luego se vieron sometidas a un brutal choque cultural en el que se manejaban con igualada prioridad la evangelización y el saqueo, es comprender como corresponde la génesis de por qué somos plurinacionales y encaramos el de-safío de combatir la autosuficiencia pseudointelectual de “mestizistas” a ultranza que pretenden reafirmar sus certezas con el fórcep de la pedagogía nacional de Franz Tamayo y profieren estupideces ciclópeas como ésa de que a partir de la nueva Constitución “los indígenas serán ciudadanos de primera y los demás seremos de segunda”.
Nada más dinámico y mutante que la identidad étnico-cultural de una sociedad, más todavía si ésta se presenta tan diversa y entrecruzada, como la boliviana. Y en este marco de comprensión se puede concluir que ha sido justamente la armonización de lo indígena de tierras altas y tierras bajas con lo nacionalista revolucionario campesino que se ha podido articular el llamado Pacto de Unidad, desde el que Evo Morales Ayma, con el Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (IPSP), empezara a caminar con rumbo inequívoco hacia la toma legítima del poder para transformar al país, encarnando las históricas aspiraciones, demandas y reclamos-reparaciones para acabar con el sojuzgamiento y la inequidad, cosa a la que se nombra como proceso de cambio…. Ver: