BoliviaSol, 18 de junio de 2012
Las noticias de hoy confirman y detallan las torturas a las que fue sometida la mandataria de Brasil, Dilma Rouseff, durante la dictadura militar.
Los medios no informan, sin embargo, que los militares no actuaron sólos al derrocar el gobierno constitucional, y contaron con todo el apoyo del poderoso vecino del norte, Estados Unidos: en particular, durante los períodos presidenciales de Lyndon Johnson y Richard Nixon.
Johnson, conocedor de que se aproximaba el golpe militar, ordenó al Pentágono prestarle a sus colegas brasileños todo el apoyo que necesitaran. Al fin y al cabo, no fue necesaria la intervención de EEUU, aunque, bajo órdenes de Johnson, sí había tomado lugar la invasión y ocupación estadounidense de la República Dominicana, en 1965, en apoyo de un otro golpe de ultra-derecha contra el presidente recién elegido.
Johnson retiró su candidatura a un segundo término, derrotado de antemano por la irresoluble guerra de Viet Nam. Lo sucedió Richard Nixon, con su canciller Henry Kissinger. No pudieron ellos vencer a Viet Nam, pero sí colaboraron con el exitoso golpe de Hugo Banzer en Bolivia en 1971.
Nixon no solo apoyó la dictadura militar en Brasil; cooperó con los generales para encontrar manera de derrocar el gobierno de Cuba y también el de Salvador Allende en Chile. Fueron Nixon y Kissinger los que montaron el golpe en Chile, a través de la CIA. En breve le seguirían golpes en Uruguay y Argentina. Con la dictadura ya existente de Alfredo Stroessner en Paraguay, América del Sur quedaba bajo la sombra de las dictaduras y el Plan Cóndor.
No es de esperar que el presidente Obama exprese sus disculpas, a nombre de su país, por su papel en las torturas infligidas a la actual mandataria brasileña. Tampoco es probable que ella se olvide.
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