Juan Carlos Zambrana Marchetti | Opinión | Cambio (2 sep)
- En la alborada del siglo XXI, la humanidad experimenta una renovación del entendimiento que se manifiesta en el uso de la razón más que de los dogmas. El avance de la ciencia ha iluminado áreas grises en que las creencias eran la única forma de ‘explicar’ la vida.
Hoy vemos gente en los trenes leyendo, mediante un dispositivo portátil, información antes restringida y ahora disponible vía electrónica en enormes librerías virtuales. Multitudes compartiendo información y organizándose en las redes sociales a través de Internet. Jóvenes analizando en tiempo real los acontecimientos políticos al otro lado del mundo. Éstas son algunas de las características de nuestros tiempos que nos obligan a hacer una lectura más racional de la realidad, lo cual se manifiesta en todos los aspectos de nuestras vidas, incluso en la política.
Para darnos cuenta de la magnitud del cambio, tendríamos que empezar por recordar que en la antigüedad los gobernantes y los gobernados daban la impresión de pertenecer a mundos diferentes. Los primeros, entronados como semidioses, y los segundos sometidos a la obediencia o a la represión.
Eso se debía, en gran medida, a que los pueblos no tenían acceso a la información, ni, mucho menos, a la toma de decisiones. Por lo tanto, el poder era privilegio de los reyes y el conocimiento era privilegio de los sabios, ambos ejerciendo la autoridad suprema otorgada por el designio de Dios.
En muchos aspectos, esa forma de entender la política se mantuvo vigente a través del tiempo, cambiando de forma más que de fondo hasta finales del siglo XX, cuando la tecnología puso la información y el conocimiento al alcance de los pueblos a través de Internet. Se redujo enormemente la diferencia de conocimiento entre el gobernante y su pueblo, lo que condujo a que el concepto de ‘pastores y rebaños’ fuese gradualmente reemplazado por el de ‘servidor y cliente’…. Ver:
