Jorge Mansilla Torres*
La Jornada, México
Me dirijo a su altísima investidura católica, papa Francisco, en procura de justicia y reivindicación de la memoria y el ejemplo de un sacerdote jesuita sacrificado cruelmente por el fascismo en Bolivia, hace 33 años.
El 22 de marzo de 1980, como usted recordará, fue asesinado en Bolivia el jesuita Luis Espinal Camps, cura tercermundista de amoroso prestigio entre la población boliviana. El servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) ordenó su secuestro la noche del 21, se le aplicó brutal tormento físico durante seis horas en un matadero municipal y fue muerto a balazos al amanecer del sábado.
Unas nueve horas después, un indígena topó con el cadáver de Espinal en un sitio pedregoso de la periferia alta de La Paz. Estaba desnudo, amordazado, tenía las manos atadas a la espalda y en la autopsia le contaron siete perforaciones de bala calibre 38 en el cuerpo; tenía los ojos resecos por tanta lágrima echada.
Aquel suceso ha debido ser del conocimiento del obispo jesuita don Jorge Mario Bergoglio, que por entonces era el rector del Colegio Máximo de la Universidad de San Miguel, en Buenos Aires, porque el deceso de un sacerdote en tan violentas circunstancias ocurre muy rara vez o, al decir de las abuelas, pasa a la muerte de un obispo.
El padre Espinal predicaba los alcances de la Teología de la Liberación y era periodista, crítico y guionista de cine. Junto con ejercer su sacerdocio, dirigía el semanario Aquí, fundado por él en 1978, de contenido antifascista, denunciante de la corrupción y el narcotráfico que marcaron la dictadura del general Bánzer (1971-77) y firme objetor de las presiones del FMI para impedir la democratización y el ejercicio de las libertades, máxime si en esa época ocurrieron hasta tres golpes de Estado consecutivos.
Desde su número inicial, el periódico Aquí fue puesto en la lista de aversiones de “la burguesía adolarada que explota al pueblo adolorido”, como mienta el refranero criollo. De Aquí, cuyo tiraje se agotaba en las calles en menos de dos horas, se dijo aforísticamente: “Los diarios que no se venden son los más comprados”
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