La Celac y la decepción de Estados Unidos

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Por Juan Carlos Zambrana Gutiérrez*

No se hizo esperar la reacción del Gobierno de Estados Unidos (EEUU) a la Declaración de la Habana, de la II Cumbre de la Celac, celebrada el 28 y 29 de enero. Los representantes del Gobierno de EEUU se declararon “decepcionados porque la Celac, con su declaración final, haya traicionado la dedicación de la región a los principios democráticos al aceptar el sistema unipartidista de Cuba”, como se puede leer en medios de prensa de todo el mundo.

Lo que el Gobierno de EEUU calla es mucho más importante que su expresa decepción con el desarrollo de la política en la región. Lo que esconde tras bambalinas es la decadencia real de un dispositivo de política internacional que había permitido a EEUU inmiscuirse en los asuntos internos de los países de América para dominarlos. Este dispositivo funciona a partir de un componente principal, aparentemente filantrópico, la Carta Democrática Interamericana, documento elaborado en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y que compromete a todos los países del continente con las instituciones y las prácticas democráticas. Este documento es la pieza central de aquel elaborado mecanismo, mientras que la OEA y su Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) son dos de los muchos componentes que permiten operar la tecnología política de control y dominación hemisférica.

¿Cómo opera este dispositivo? Si EEUU comienza a perder el control político en alguno de los países americanos, procede a acusar al correspondiente gobierno de estar atentando contra la democracia y los derechos humanos. Hay libros de investigación dedicados a denunciar esta conducta injusta por parte de la mayoría de los gobiernos de EEUU, en los que se evidencia que estos gobiernos financiaron y organizaron desestabilizaciones y golpes de Estado en Centroamérica, el caribe y América del Sur, por medio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y otros medios, e incluso perpetraron intervenciones armadas.

Este dispositivo está diseñado para funcionar de arriba hacia abajo: sólo EEUU, en su calidad de potencia hegemónica, puede lograr el derrumbe de gobiernos democráticos en el continente. Sin embargo, no funciona de abajo hacia arriba, cuando los representantes de países del continente denuncian graves transgresiones a la democracia y a los derechos humanos perpetradas por parte del gobierno de EEUU.

¿Cuál es la utilidad de tal dispositivo? Sucede que en un régimen internacional hegemónico, como el que ha existido en el continente americano, la democracia y los derechos humanos son interpretados con la lente del país que funge de ordenador. Se supone que en EEUU se decida qué debe ser condenado como antidemocrático, y se minimiza todo pronunciamiento y denuncia que pueda observar las prácticas antidemocráticas y transgresiones de los derechos humanos que el Gobierno del país del norte haya estado consintiendo o perpetrando. En ese régimen internacional hegemónico, solapado por la OEA, la democracia cumple la función de una membrana especializada que debe revestir a los países del continente con la medida y el sentido exactos de la permeabilidad política que es requerida para que EEUU pueda interferir en los procesos de toma de decisiones, por medio de sus agencias de cooperación, sus ONG de promoción de la democracia y sus agencias de inteligencia, sin mencionar la compra directa de la lealtad de los líderes políticos estratégicos.

Lo que sucedió en la Celac el 29 de enero decepcionó a Estados Unidos porque resulta que si 33 países Americanos declararon que la comunidad de la Celac se asienta en “el respeto a la autodeterminación, a la soberanía, la no injerencia en los asuntos internos de cada país, la protección y promoción de los derechos humanos y el fomento de la democracia”, pero al mismo tiempo no hicieron ninguna observación al Gobierno cubano y sí al Gobierno estadounidense, esto podría significar que ‘el patio trasero’ de EEUU ya no necesita los lentes del ‘Tío Sam’ para determinar lo que es democrático y lo que no lo es. Significa que los países de la Celac deciden anular el mecanismo de injerencia y control. Así, reafirman libremente su indignación ante la grosera impunidad con la que EEUU oprime a Cuba y adicionalmente demuestran que no están dispuestos a permitir que el viejo dispositivo entre en acción una vez más para dar continuidad a la opresión bajo la falsa consigna de la “defensa” de las libertades democráticas.

Leyendo entre líneas, la Celac le dice a EEUU que se equivoca, que no puede continuar con la política exterior del látigo y la zanahoria, castigando a los países que no le obedecen y premiando a los que ceden ante la presión. Fue otra forma de decir ¡Basta de excusas! ¡No habrá discusión! ¡Las sanciones en contra de Cuba deben terminar!

La Celac ha sabido honrar la valentía de un pueblo con dignidad, que se ha negado a rendirse ante EEUU. Es natural que el gobierno del país del norte se haya decepcionado con lo ocurrido. Tal vez les viene a la mente la imagen de un patrono cuyos criados se sublevan y le reclaman. Pero esto es diferente, la Declaración de la Habana del 29 de enero es un gran triunfo de la libertad y un paso hacia la soberanía política de los pueblos de América.

*El autor es internacionalista.j

Fuentee Cambio

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